domingo, 13 de diciembre de 2015

NI UNA MÁS

Rocío Barrera nos deja esta historia:

Buenas a tod@s os quiero dejar una historia, en forma de carta, en la cual intento plasmas por todo lo que pasan las personas maltratadas. Para nadie es plato de buen gusto tener que leer o escuchar cada día como miles de personas son maltratadas y el ver como necesitan ayuda pero no son capaces de pedirlas por miedo al que pasará o por el que diran, y ahora con esto quiero que intentéis por un momento poneros en la piel de esas personas que son víctimas del maltrato y quiero haceros unas preguntas: ¿Qué haríais si esto que os cuento os estuviera pasando a vosotr@s? ¿Creéis que es fácil salir de esa situación?

Querida hija: siento la necesidad de escribirte esta carta, después de tantas preguntas sin respuestas. Eres lo más bonito que me ha pasado y gracias a ti de mis pesadillas más negras he despertado. Cuando estabas en mi vientre tus patadas yo sentía, y al mismo tiempo que me moría de agonía, tú me llenabas de alegría. Al tenerte entre mis brazos, me di cuenta de que ya no era yo sola, tenía que pensar en ti, y evitar verte sufrir como me pasó a mí.

Mamá se enamoró del hombre equivocado, y sin darme cuenta me encerré en una cárcel oscura, de barrotes negros, de pena y amargura. Papá no me quería pero me hacía creer que me amaba tanto y tanto… Poco a poco me iba aislando, alejando de mi familia, de mis amigos. No los veía ni tampoco hablaba con ellos. Tu padre no me dejaba tener un teléfono, él lo llevaba por mí, y si me llamaban a su móvil estaba controlándome las llamadas y los mensajes.

A la calle sola tampoco podía salir, y cuando salía con él al suelo tenía que mirar, ¡miro a otros hombres!, eso me decía, eso era su forma de pensar. Lo decidía todo sobre mí, como me tenía que vestir, no me podía pintar… me mandaba y ordenaba y todas sus vejaciones tenía que aceptar. Nunca me dio nada, y a escondidas yo lloraba.

En él la violencia se acrecienta, y el miedo que yo sentía era una tormenta.

Me hablaba mal, me insultaba y nunca podía parar: puta, zorra, guarra, estás loca, estás gorda, no sirves para nada… a estos insultos mamá se tenía que callar, ya que él no tenía medidas, no se controlaba y ese calvario iba a más. Era una marioneta, su marioneta, y ese hombre me movía mis hilos y me manejaba a su antojo. Yo ya no pensaba ni decidía, tampoco elegía, no tenía más opciones. No le importaba que estuviera embarazada, no le hacía falta motivos para pegarme y dejarme marcada. Sin razón se enfadaba y con furia cargaba su arma, su arma eran sus manos, sus puños de acero, no tenía reparo, no se paraba. Llorando y asustada yo le preguntaba que porqué me golpeaba si yo no le había hecho nada.

Le daba lo mismo humillarme delante de la gente, y menospreciarme, nunca se le ocurrió valorarme. Siempre con ataques de celos y amenazas de muerte, siempre con sus mentiras y sus patrañas.

Me pedía dinero y en él se lo gastaba. Si no teníamos para comer, a los abuelos no les podía pedir más, ya que no quería que sospecharan nada, pero él si tenía dinero para porros, tabaco y papel.

Quería salir del infierno, pero no podía tenía mucho miedo, me temía que cualquier día me diera un golpe mal dado y acabara con mi vida. No tenía compasión de su mujer. Yo deseaba que aunque solo fuera por un segundo el sintiera mi dolor y mi temor.

Mi niña, llegué a un punto en el que ya no pude más, y no sé cómo, me llené de valor, me armé de coraje y a tu padre dejé.

1 comentario:

  1. jolin, vaya carta Ro...bueno a las preguntas que nos has propuesto yo gracias a dios nunca he pasado por una situación así, pero si empatizo pienso que no es nada fácil salir de ahí, porque en esta carta se refleja muy bien, te conviertes en una marioneta y no te ves capaz de tomar una alternativa..creo que desde fuera todo se ve muy fácil, pero la que se pone los zapatos es la que lo sufre y pienso que no es nada facil

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